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18 noviembre 2013

Puntos suspensivos sin final...


Hablábamos de todo y de nada. De nuestras vivencias, de nuestras razones para transformar el mundo, de las pequeñas y de las grandes cosas. De amor, en realidad, amor por la vida. Hablábamos poco, aunque cuando hablábamos el tiempo se escondía en el reloj.

Tu recuerdo ilumina las grietas que se van abriendo a mi paso, esas pequeñas heridas que sugieren tristeza. Y así voy coloreando de luz, con tu magia y la de otras personas que me rodean, de una u otra forma, aquellos momentos en los que no sé si estoy sembrando la mejor cosecha. 

Fue un final con puntos suspensivos que nadie comprendió. Tampoco comprendo porque te acercas hoy sigilosamente y llamas a mi puerta, apareces sonriendo, como si nada hubiera pasado, como si todo hubiera sido un desliz del destino. Supongo que vienes a hablarme, de nuevo, de la vida y del amor. Del pan de centeno, de semillas y plantones, de la casa que estábais construyendo no sólo con vuestras manos, sino también con esa linda mirada que os unía (y que os sigue uniendo) como un lazo indivisible.

Hablábamos de todo y de nada. De la vida y del amor. Quizá sea ese tu secreto, la raíz que dejaste en cada una de las personitas que te quieren. Porque así sucede, y no nos habíamos dado cuenta, que los puntos suspensivos no tienen final...

03 agosto 2013

Un final con puntos suspensivos...


Fin...

La noche se agolpa en las pupilas de quienes pierden una vida, representada por una señal de prohibido el paso en mitad de una calle peatonal. 

Cuando hice esta foto, se me apareció como una metáfora de la vida. Un largo camino por el que transitar sin permiso. Porque al final, todas las normas son una patraña. La vida es injusta.

Perdonadme, tenía que desahogarme. Tenéis razón, quienes hacen de la vida una injusticia somos los seres humanos. Somos nosotros quienes hemos inventado la señal que nos prohibe seguir caminando mientras la vida continua sin nuestros pasos. 

Pero no podemos permitir que nos haga parar. Debemos saltarnos las normas, debemos de luchar para cambiarlas por una sola: solidaridad. Arranquemos la señal. Sigamos caminando. 

¡Qué sentimiento más contradictorio! El duelo, el dolor, la señal de prohibido el paso se ve acorralada por el sendero, la sonrisa, que te invita a crear, a soñar, a vivir. Son lágrimas de un final con puntos suspensivos...