29 julio 2016

Instantes de cesura

Fotografía: Celina Cunha

La sencillez de una mirada clavada en el alma, un pequeño y tranquilo refugio entre tanta tormenta. 

Ese instante, breve y duro instante, en el que un escalofrío te acaricia la espalda y la sonrisa se te acurruca cerca del corazón. Es sólo un momento, pero tan eterno que la vida se ríe a carcajadas. Un enamoramiento colectivo, una revolución. 

Es exactamente ese parpadeo en el que las emociones se convierten en sentimientos.

Dejarse querer resulta tan fácil en tan extrañas circunstancias que, de repente, cambiar el mundo ya no parece un lugar tan lejano. 

15 julio 2016

Mediterráneo

Perséfone / Koré

Alguien podrá decir que fue el Mediterráneo,
ese rincón escaso de penumbras,
luz de ocres y rojos con textura de arcilla.

Paisaje alejado de los atardeceres,
repleto de soles que refrescan el calor del otoño,
verano eterno que se eleva en la piel
encogiéndose en los hombros de las campesinas.

De lluvia a lluvia mi corazón se agita
y apareces como el ábrego aire de las castañas
en esta tierra donde el viento hace sonar las dolçainas.

Quien antes fuera un ser horadado por la desconfianza
hoy sale a la superficie para romper el silencio,
así me descubro Nauia en un mar sin olas,
desnuda, como una especie invasora.

Tal vez fuera el Mediterráneo, cuna de grandes civilizaciones,
quien me devolvió la sonrisa de Koré en primavera
para poder silbar pequeñas melodías de amor futuro.

Perséfone y Nauia, dos caras de esta mujer de arena,
que se muestra ante ti con las manos vacías
para sembrar una nueva armonía de sueños antiguos;
sueños del Mediterráneo, porque siempre fue el Mediterráneo...

06 julio 2016

El genocidio de las flores


Ahora que el Cantábrico se enreda en tu boca y la noche es el espejo de tu ausencia, Deméter te busca entre los acantilados. Te deshiciste en mis manos como una amapola, en aquella sala en la que habita la tristeza.

Desde hace una semana, la constancia del despertador es mi manía persecutoria. Escucho tu voz en este silencio que me ahoga, mientras intento que la rutina machaque las pesadillas y el insomnio. No sé si tengo fuerzas para inventarme una vida sin ti. No sé si existen flores suficientes en el mundo para honrarte. Ya no tengo casi lágrimas y las que me quedan las guardo por si apareces entre las sombras para rescatarme. 

Incluso para la muerte elegiste el momento más inoportuno. Soy incapaz de pensarte en pasado, incapaz de pensarte sin que me atraviese la rabia. Te prometí sonreír y lo hago de puntillas, con el corazón en el puño izquierdo, para no ser yo quien se enrede en tu boca.