25 noviembre 2016

Búsqueda incompleta

Paisaje de almendros en País Valencià

La soledad me devuelve a aquellas noches de insomnio,
lugares comunes del océano que llevo atado a la piel.
Voy reinventándome desde el minuto cero,
en estos atardeceres de luces ardientes y otoñales,
este Mediterráneo que huele a manos de arcilla
y versos desdibujados en la mirada de algún duende.

Siempre vuelvo a esta ciudad en la que nunca estás.
Te busco en cada una de sus piedras, en el sonido
de la sonrisa perdida de todas las personas que encuentro,
en la brisa del mar que rocía de belleza los amaneceres.
Este país al que nunca quise amar y ahora me desvela
con cada uno de sus rincones de música y madera.

Es el humo incierto de las caricias en invierno
que no terminan en las arrugas de los labios,
este mar en calma en el que me ahogo cada día
para resucitar llena de escalofríos y emociones.
Es el Mediterráneo, es este país de sueños y alegrías,
son los caracoles que quieren vivir entre las yemas de mis dedos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario